domingo, 19 de febrero de 2017

EL DOBLEPENSAR DE LA NEO-FSSPX





“Doblepensar significa el poder, la facultad de sostener dos opiniones contradictorias albergadas a la vez en la mente. El intelectual del Partido sabe en qué dirección han de ser alterados sus recuerdos; por tanto, sabe que está trucando la realidad; pero al mismo tiempo se satisface a sí mismo por medio del ejercicio del doblepensar en el sentido de que la realidad no queda violada. Este proceso ha de ser consciente, pues, si no, no se verificaría con la suficiente precisión, pero también tiene que ser inconsciente para que no deje un sentimiento de falsedad y, por tanto, de culpabilidad.
El doblepensar está arraigado en el corazón mismo del Ingsoc, ya que el acto esencial del Partido es el engaño consciente, conservando a la vez la firmeza de propósito que caracteriza a la auténtica honradez. Decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar ni por un momento de saber que existe esa realidad que se niega…, todo esto es indispensable. (…)
Estas contradicciones no son accidentales, no resultan de la hipocresía corriente. Son ejercicios de doblepensar. Porque sólo mediante la reconciliación de las contradicciones es posible retener el mando indefinidamente”.

(George Orwell, 1984)


“Uno de vuestros grandes (representantes) ha dicho una vez que hay una hora de la diversidad reconciliada. Pedimos hoy esta gracia, la gracia de esta diversidad reconciliada en el Señor”.

(Francisco, discurso en su visita al templo luterano de Roma, 15 de noviembre de 2015)



Entre las muchas causas que podrían encontrarse para dar una respuesta al por qué los sacerdotes de la Fraternidad no reaccionan ante la debacle de su congregación, a punto de rendirse sin resistencias ante la Roma modernista, una de esas causas podría ser el autoconvencimiento de que en la congregación todavía hay voces que critican a Roma, que públicamente denuncian los escándalos de Francisco y que aún repudian el concilio. La idea –veremos que falsa- de que se conserva la identidad recibida de Mons. Lefebvre, mantiene en una pasiva actitud a la mayoría de los clérigos, que prefieren no asomarse mucho a estos asuntos, dejando que de vez en cuando se escuche alguna voz para decir lo que, por supuesto, “todos piensan”. Pero esto no es otra cosa que una mirada parcial y ajena a la verdad completa. La Fraternidad está desde hace años enferma, podriamos decir, de un doblepensar, que le ha sido inoculado lentamente por los liberales que la comandan. Una vez aceptada la contradicción en su seno, ya no es posible reaccionar porque no se alcanza a ver enteramente la verdad. Las contradicciones deben ser resueltas, no reconciliadas. La Fraternidad está en vías de reconciliar la Tradición católica con la nueva religión conciliar; la religión del Dios que se hace hombre con la religión del hombre que se hace dios; Mons. Lefebvre con Francisco. Diversas etapas fueron contruyendo este camino: levantamiento de las “excomuniones”; motu proprio de la misa; declaración doctrinal de abril de 2012; capítulo general de 2012; proyecto de una prelatura; aceptación del nuevo código de Derecho canónico, etc. El doble mensaje y la ambigüedad se instalaron desde entonces.

Vemos ahora, por ejemplo, que el Superior de distrito de Sudamérica, P. Trejo, deplora y denuncia, en un artículo de la revista “Iesus Christus”, el ecumenismo de Francisco y el Vaticano II, diciendo que “La conmemoración de Lutero (es) un paso más del mismo proceso”, o también “Aunque el “camino” andado por Benedicto era para muchos más conservador, es el mismo que lleva Francisco. Es el Concilio. El verdadero problema no está en las personas sino en los principios. “Yo acuso al Concilio”, en el decir de Monseñor Lefebvre. Si hay Francisco, es porque hubo Concilio. De tal palo, tal astilla. Distintas velocidades, distintos momentos pero el mismo proceso” para terminar diciendo “Dios mío, si así funciona el Concilio, ¡salgamos ya de este camino!”.

Mientras tanto, el superior general de la congregación, afirma que ya no queda ningún obstáculo insalvable para un reconocimiento canónico de la Fraternidad” y “Creo que no es necesario esperar que todo esté arreglado en la Iglesia, que todos los problemas estén arreglados” (para aceptar el arreglo canónico). De esta manera establece claramente que la doctrina es un problema menor y que las diferencias doctrinales no son obstáculo para someterse a las autoridades modernistas romanas. Lo que permite que Mons. Fellay y los comandos de la Neo-Fraternidad continúen rumbo al acuerdo suicida, permitiendo que haya algunas voces que critiquen (moderadamente) el ecumenismo de Francisco y el concilio…por supuesto que sin decir palabra contra el acuerdismo de los superiores. Es así que Mons. Fellay aplica la misma política de “libertad de crítica limitada” dentro de su congregación, como lo hace Francisco dentro de la Iglesia oficial. Sabiendo bien que eso, antes que detener el proceso de acuerdo, sirve muy bien para detener toda acción pública tendiente a ponerlo en cuestión o resistirlo. Es el principio democrátco que permite el disenso controlado. Es la “diversidad reconciliada”. Por eso los que han decidido “resistir” desde dentro de la Fraternidad, no han hecho nada efectivo par impedir el avance del ralliement con Roma. Por el contrario, han sembrado en muchos la idea de que la congregación no está tan mal como parece o que no podrá caer bajo el oder de los modernistas.

La cita que presenta el Padre Trejo en su editorial, es absolutamente concluyente respecto de las intenciones de Francisco, y es suficiente para comprender hacia dónde va la iglesia conciliar y hacia dónde va a llevar a la Fraternidad, bajo el nuevo nombre y estructura de Prelatura San Pío X:

“Santo Padre, algunos piensan que en los encuentros ecuménicos usted quiere liquidar la doctrina católica, que se quiere protestantizar la Iglesia”, le dice al Papa, sin rodeos, Stefania Falasca del periódico Avvenire. Francisco responde: “No me quita el sueño. Sigo el camino de los que me han precedido, sigo el Concilio”.
La periodista, cual portavoz de los asustados conservadores, vuelve a arremeter: “Usted, en menos de cuatro años, estuvo reunido con todos los primados y responsables de Iglesias cristianas. ¿Por qué esa aceleración?” Responde Francisco: “Es el camino del Concilio que sigue adelante, se intensifica. Es el camino, no soy yo. Ese camino es el camino de la Iglesia. Yo he estado con los primados y responsables, es verdad. Pero también mis predecesores tuvieron esos encuentros”.

Francisco es coherente e incluso podemos decir fiel pues él “sigue el camino de los que lo han precedido”. ¿Puede decirse lo mismo de Mons. Fellay? Al conrario, él no sigue el camino del que lo ha precedido, Mons. Lefebvre, sino que sigue el camino contrario. A la “operación supervivenvcia” Mons. Fellay opone la “operación suicidio” y allí donde Mons. Lefebvre afirmó al final de su vida que “todo sacerdote que quiera permanecer católico debe permanecer fuera de la iglesia conciliar”, Mons. Fellay afirma que hay que buscar una “normalización” para no volverse “cismáticos” (misma cosa que dijo el traidor Rifán).

Mientras el P. Trejo cita a un Francisco inamovible del rumbo trazado por el concilio, Mons. Fellay dice en otra entrevista que Roma, gracias a las dicusiones con la Fraternidad, está cediendo en la buena dirección. Y todas estas contradicciones son aceptadas en las filas de la Fraternidad sin el menor cuestionamiento, sin reparos, sin protestas.

Dice el P. Trejo “salgamos ya de este camino” (del concilio), que es el que lleva Francisco, pero ¿se sale del camino acordando con Roma? ¿O más bien acordar con Roma es entrar de lleno en ese camino suicida?

¿Cómo se llegó a esto?

Creemos que por la adopción de una política liberal que fue la misma aplicada en el concilio: subordinar la verdad a la libertad, invirtiendo los términos de la verdadera proposición. Pues Nuestro Señor dijo: “Si permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y LA VERDAD OS HARÁ LIBRES” (Jn. 8, 31-32).

La Fraternidad fue libre -de la influencia modernista conciliar- mientras se mantuvo en la verdad. Para ello debió, como enseña la sabiduría divina (cfr Sal. 1; Sal. 25) apartarse, separarse, segregarse de los herejes e impíos que pretendían llevarla por el mal camino. Quien permanece en la palabra de Dios tiene la verdadera libertad. Enseña Santo Tomas que la verdad de la enseñanza nos libera del camino falso: “Mi boca meditará la verdad y mis labios detestarán la iniquidad” (Pr. 8,7). Pero no contentándose o no conociendo y apreciando la gracia que Dios le había dispensado, la Fraternidad quiso buscar la “libertad” dentro de la estructura de la iglesia conciliar. Y pidió la “libertad” a aquellos que precisamente no están en la verdad. Por lo tanto, ¿cómo quienes no están en la verdad pueden otorgarle la libertad a quien ya posee la verdad?  Mas, el abandono de la preocupación por la doctrina como punto central de este combate contra Roma modernista, es la señal precisamente de que se ha abandonado el camino de la verdad. Y como la verdad es el bien más preciado que puede otorgarnos Dios (“Yo para esto nací y para esto vine al mundo, a fin de dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”, Jn. 18,37), si se la desprecia, si se la altera, si se la descuida, se la pierde.

Obispos y Sacerdotes muy lúcidos que han visto y saben perfectamente lo que significa la iglesia conciliar –incluso escribiendo magníficos libros al respecto- y lo que es la nueva religión de allí surgida, sin embargo no ven o no pueden animarse a hablar de lo que sucede dentro de su propia congregación. ¿Por qué? Porque es más fácil ver el mal en la casa del vecino que en la propia casa, y comentar lo que vemos enfrente es menos riesgoso que decir en voz alta el mal que ocurre en la habitación de al lado, en la propia casa, entre los conocidos, en la propia familia. Al criticar duramente a los conciliares, no se arriesga demasiado, pero denunciar públicamente la traición o los errores de los propios, y sobre todo de los superiores, puede costar muy caro. No todos están dispuestos a pagar ese precio que la defensa de la verdad exige. ¿Pero es que acaso esos superiores los han preparado a los sacerdotes para combatir por la verdad en todo terreno y toda circunstancia, frente a quien fuere, o les han enseñado una actitud “partidaria” ante la crisis de la Iglesia, viendo ésta como entre dos tendencias que nunca podrían influenciarse mutuamente?

Escribió Ernest Hello: “Los siglos se suceden los unos a los otros y no se parecen nunca. Cada siglo está caracterizado por una amenaza especial, por una amenaza que es la suya. La amenaza de este momento, y creo que en ella están contenidas todas las demás, es la indiferencia en relación a los principios. ¿No oís acaso todos los días repetir: “¿Para qué sirven las abstracciones? Los principios han hecho su ciclo. Tienen la palabra los hechos, los acontecimientos. Somos personas de negocios. Estamos lejos de ser soñadores.” Ese lenguaje, que inspira directamente el infierno, penetra en el corazón de los hombres” (“El siglo. Los hombres y las ideas”, Editorial Difusión, 1943).

Personas de negocios han tomado el control de la FSSPX. El maquiavelismo de los conciliares les ha contagiado el uso de la dialéctica hegeliana y el doblepensar como herramientas de poder y manipulación. A esta altura los sacerdotes de la Fraternidad tendrían que haberse dado cuenta, pero un mecanismo de control suscitado desde hace años, por el cual han admitido la contradicción en sus vidas, y el sentimentalismo inoculado en sus filas, que les ha dispensado del combate puertas adentro, no les permite quitarse la venda de los ojos. La verdad exige ser amada enteramente. Por sí misma. Y ser llevada a la práctica para que su posesión sea completa: “Las aves van a juntarse con sus semejantes; así la verdad va a encontrar a lo que la ponen en práctica” (Eclesiástico, XXVII, 10). Si los obispos y sacerdotes de la FSSPX hubieran hecho suyas estas palabras de Mons. Ezequiel Moreno Díaz, verdadero campeón del antiliberalismo, la Fraternidad no habría llegado a este punto, en que se apresta a ponerse bajo el poder de sus enemigos:

“La verdad no puede tratar con la herejía, como un soberano con otro soberano, y la verdad es la sola soberana y la herejía no es sino una rebelde. La verdad no puede pactar con el error; la verdad contradice, combate, excluye el error, y dejaría de creer en sí misma, si reconociera en el error el derecho de ocupar un sitio al lado de ella”. (Mons. Ezequiel Moreno, carta pastoral, 30 de abril de 1904).


Ignacio Kilmot



¿QUIÉN LO DIJO?







LO DIJO MONS. FELLAY



sábado, 18 de febrero de 2017

MONS. TOMÁS DE AQUINO OSB - LA VOZ DE FÁTIMA N° 1 Y N° 2






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PAX
LA VOZ DE FÁTIMA


Vox túrturis audita est in terra nostra”
(Cant. II, 12)


FEBRERO– 2017
Nº 1

Comenzamos el primer número de esta modesta publicación realizada en honor del Inmaculado Corazón de María, del cual esperamos la salvación de nuestro país, de nuestras almas y del mundo entero. Lo que Nuestra Señora realizó en Portugal en el siglo XX, preservándolo durante medio siglo del comunismo, de la masonería y del modernismo; lo realizará también en nuestra patria y en el mundo entero si nos consagramos a su Inmaculado Corazón y si obedecemos a sus pedidos de no ofender más a Dios Nuestro Señor ya tan ofendido y hacemos reparación por las ofensas que Él es objeto así como Su Madre Santísima.

Que cada uno de nosotros responda con amor a los pedidos de Nuestra Señora de Fátima, conscientes de que el Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María son los últimos recursos dados al mundo para su salvación.

Portugal, en 1917, estaba en el más profundo caos político y económico y, además, los seminarios estaban casi vacíos, muchos obispos exiliados, la masonería mantenía al país bajo su dominio.

El gobierno había roto la unión entre el Estado portugués y la Iglesia en 1911. San Pío X reaccionó fuertemente, declarando nula y sin valor esta inicua decisión gubernamental.

Algunos años antes, en 1908, el rey D. Carlos y su hijo habían sido asesinados y la responsabilidad del gobierno recayó sobre D. Manuel, de 18 años, el cual no pudo impedir la proclamación de la república en 1910, debiendo huir del país.

¿Quién podría salvar Portugal? ¡Nuestra Señora! Apareciendo a tres pastorcitos en Cova da Iría, Ella cambió el rumbo de Portugal y hará lo mismo con el mundo si la escuchamos.

Pocos años después, un gobierno católico restituyó a Portugal su alma y Nuestra Señora protegió la nación portuguesa del comunismo, así como de la II Guerra Mundial, como lo afirmó Pío XII en 1946.

Seamos entonces cruzados de Fátima en este centenario de sus apariciones en Cova da Iría. Estudiemos, propaguemos y vivamos su mensaje que se resume en amar a Dios Nuestro Señor y en impedir por todos los medios los pecados con los cuales los hombres hieren Su Divino Corazón y el de Su Madre Santísima, por cuya intercesión nosotros esperamos la salvación de nuestra patria, de nuestras almas, del mundo entero y de la Iglesia, ocupada por sus más crueles enemigos que, sin embargo, serán vencidos por aquella de la cual la Santa Liturgia dice que venció todas las herejías.


LA VOZ DE FÁTIMA


Nº 2
11 de 
febrero de 2017

El Tercer Secreto y el Concilio
    
Los que estudian seriamente Fátima, saben que la llamada “revelación del Tercer Secreto” es una falacia.

Entre varios argumentos en apoyo de lo que digo, hay uno al cual me gustaría referirme y del cual, desgraciadamente, se habla poco: la causa por la que los Papas desde Juan XXIII hasta Francisco se negaron a revelarlo.

Indaguemos con toda simplicidad cuál sería el contenido allí existente que los haría callar tan obstinadamente.

¿Cuál es la “niña de los ojos” de estos Papas? ¿Acaso no es, evidentemente, el concilio Vaticano II? Sí, estimado lector, y eso es lo que quiero decir: estoy personalmente convencido de que en el Tercer Secreto está la “palabra mágica” “concilio”. Y ciertamente esta palabra figura allí en términos no elogiosos, sino como siendo la causa de la “desorientación diabólica” (1) en la cual vivimos; ese concilio, sin embargo, es considerado por los Papas mencionados como la “primavera de la Iglesia” (y ¡ay de aquel que lo cuestione! ¡¡¡Aunque sea la Madre de Dios!!!).
        
Sepa también el lector que esta convicción personal mía no es gratuita ni sin fundamento. Aduzco a su favor dos testimonios de dos personas de gran peso: el cardenal Oddi y Sor Lucía.

El Cardenal Oddi dijo: “Conforme a lo que conozco, está escrito que aproximadamente en 1960 el Papa convocaría un concilio del cual, contrariamente a lo que se esperaba, se derivarían muchas dificultades para la Iglesia” (2). A las palabras “conforme a lo que conozco”, con toda seguridad podríamos añadirles: “por lo que escuché de los que leyeron el Secreto”.
      
La Hermana Lucía, respondiendo a las preguntas que le hicieron, acerca de si el Secreto tenía que ver con el concilio y sus consecuencias, ella respondió: “No puedo decirlo, no puedo hablar” “Leí algunos documentos del concilio, pero no todos.” “Leí sobre algunos problemas, pero no leí todo” (3). Respuestas evasivas de quien no quiere responder a lo preguntado. ¿Por qué no lo haría? Si la respuesta fuese “no” sería muy simple de hacerlo. Pero si la respuesta fuese “sí” ella estaría ante dos problemas: 1) Ella no podía desobedecer a quienes tenían autoridad sobre ella, los cuales con toda certeza eran defensores acérrimos del Vaticano II y le tenían prohibido decirlo; 2) ella no podía mentir. De allí sus respuestas típicamente evasivas.

¡Qué bueno sería si todos los católicos estuviesen convencidos de la realidad de la tesis que defiendo! Por respeto y obediencia a las palabras de Nuestra Señora rechazarían el Vaticano II y las reformas posconciliares y volverían a lo que la Iglesia siempre enseñó antes del concilio y se adherirían a la Tradición bimilenaria.

Quiera Dios que así sea con la contribución de este modesto artículo.

U.I.O.G.D.
___________________________

1- Palabras de la Hermana Lucía, citadas en “Fátima joie intime événement mondial”, pág. 409.
2- 30 Giorni, noviembre de 1990.
3- Cf. Controverses, abril de 1995.



UN OJO PARA MONSEÑOR FELLAY





Quienes se han dedicado a investigar el mundo de la masonería y el lenguaje simbólico-esotérico de la secta, particularmente en lo relacionado con los medios masivos de difusión, nos llaman la atención sobre uno de los símbolos más frecuentados por la publicidad visual, el cine y la industria discográfica. Estamos hablando de “el ojo que todo lo ve” o “solo ojo”, que generalmente aparece dentro de un triángulo , símbolo que puede representar la Santa Trinidad para los católicos, pero que los masones han tomado para representar el sistema ternario, uno de los temas básicos de los ocultistas. En particular, los “mas-media” difunden el solo ojo en infinidad de portadas de discos y revistas, ya sea con el personaje protagónico tapándose un ojo, ya sea presentando la fotografía la mitad de la cara, de manera tal de mostrar un solo ojo. Un detallado y amplio muestrario sobre este símbolo puede descubrirse en este  dossier. Y asimismo al final de un artículo  de nuestro blog.

Hay una utilización masónica de figuras públicas en torno a su mensaje, que muestra la implicación directa o indirecta de tales personajes mediáticos. Así la forma de presentación a través de tal signo o señal masónica denota o un grado de pertenecia a determinadas logias, o un control que las logias han adquirido sobre determinadas figuras públicas. Tal presentación pública se corresponde con el mensaje o contenido del producto ofrecido a las masas.

No deja de llamarnos la atención la portada de una revista ultra modernista y progresista, sostén de las peores herejías de la secta conciliar, partidaria a ultranza de la “primavera” bergogliana, con distribución en España y varios países de Sudamérica, publicación lujosamente editada, costosa, bien financiada. La revista en cuestión, llamada “Vida Nueva”, muestra en su tapa a Mons. Bernard Fellay, superior general de la FSSPX, con la mitad de su rostro. Aparentemente la frase que se utiliza para publicitar el artículo sería negativa respecto al obispo. Sin embargo, si uno se sumerge en la entrevista, se dará cuenta que es absolutamente positiva, prestándose Mons. Fellay a dar por sentado que la FSSPX está fuera de la “comunión plena” con Roma, y afirmando con claridad que “ya no queda ningún obstáculo insalvable para un reconocimiento canónico de la Fraternidad”. También el obispo se muestra muy positivo con respecto a Francisco, afirmando que éste es “comprensivo y bondadoso”. Señala que coincide con las autoridades conciliares en que lo mejor para la Fraternidad es una Prelatura. Y al decir lo siguiente: “Creo que las autoridades romanas han podido comprobar que no hay en nosotros problemas graves que impidan el público reconocimiento de nuestra condición de católicos”, está diciendo que en la Fraternidad hay problemas leves (“no hay en nosotros problemas graves”) que serían los que impiden hasta ahora su reconocimiento como “católica”. Es decir que se pone en el lugar del culpable, del problemático, de quien está en falta,  esperando ser disculpados por las autoridades modernistas, para que éstas la califiquen de “católica”. Es exactamente lo que la Roma modernista se complace en escuchar.

Por otra parte la revista incluye una entrevista a Mons. Pozzo favorable a la FSSPX, en tanto ésta va bien por el camino del acuerdo. Y se completa el número con una nota desfavorable a la FSSPX, en cuanto a sus aspectos negativos, que la hacen aparecer como una secta. De este modo, Mons. Fellay queda bien posicionado como un hombre comprensivo, abierto, dialogante (no hace ni la menor crítica al demoledor Francisco), que está tratando de acabar con esos residuos medievales de la congregación. La revista modernista queda libre de toda sospecha de adscripción o simpatía por la Tradición, mientras publicita la política acuerdista de Pozzo y Fellay. Así Fellay es servil para con los enemigos de la fe católica, quedando mal parada su propia congregación, en tanto conserva elementos recalcitrantes que aún no se adaptarían a su política de conciliación y sonrisas. Mons. Fellay está haciendo un trabajo destructivo increíble, por el cual no podemos conjeturar que sea necesariamente miembro de la masonería, pues simplemente con ser liberal ayuda a sus estrategias y puede ser influenciado indirectamente por aquella. Pero, por el trabajo de demolición que está realizando en la congregación fundada por Mons. Lefebvre, no nos sorprendería si el día de mañana alguien nos dice que Mons. Fellay esconde un mandil. Se explicaría mejor su increíble entendimiento con Bergoglio y los ultramodernistas y judaizantes, a los que siempre pareció combatir. 

EL PLAN SOROS





El plan Soros –cuya confirmación se encuentra en los documentos filtrados por Wikileaks de la Open Society Foundation– tiene las siguientes claves:

1.- El establecimiento de un Gobierno mundial, para lo que es preciso generar problemas mundiales o supranacionales, como es el caso del controvertido cambio climático o calentamiento global (a comienzos del milenio se trató de imponer la tesis de una era de glaciación). En la misma línea, se mueven los juegos apocalípticos como la preparación dictada por Barack Obama sobre una posible tormenta solar.

2.- Fortalecimiento de las entidades supracionales como la ONU, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la OCDE, la Unión Europea, como embriones del gobierno planetario para establecer un nuevo orden mundial.

3.- El más grave problema mundial que se ha inducido, de diferentes formas, es el migratorio, como disolución de las entidades nacionales, de forma que las Patrias dejarían de tener sentido con sociedades llamadas multiculturales, en conflicto, que tendrían que ser administradas por entidades planetarias.

4.- La desaparición de la moral natural objetiva y de las religiones suplantadas por el vago humanitarismo de la corrección política.

5.- La desaparición de las fronteras, consideradas como obstáculos, y la consideración de que toda persona tiene los mismos derechos –o más- que los nacionales.

6.- La sustitución y el exterminio de los europeos autóctonos, reduciendo su natalidad, por una parte, y mediante una migración invasiva, a la que son obligados a subvencionar.

7.- La conversión de los norteamericanos blancos en una minoría.

8.- El establecimiento de una nueva guerra fría contra Rusia –refractaria por completo a perder su identidad- llevando a la Humanidad a un conflicto nuclear.


Enrique de Diego

miércoles, 8 de febrero de 2017

R.P. TRINCADO - SERMÓN DEL DOMINGO 5° DESPUÉS DE EPIFANÍA








Semejante es el reino de los cielos a un hombre que sembró buena semilla en un campo. Y mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo y se fue. 

Dice San Juan Crisóstomo que con esta parábola, Nuestro Señor se refiere a la verdad adulterada, porque es propio del demonio mezclar el error con la verdad.  Se vale el diablo de un engaño -agrega el santo- confundiendo su propia semilla y revistiendo sus obras con colores y semejanzas que sorprenden al que se deja engañar con facilidad. Por eso dice que siembra cizaña, que es muy parecida a la planta de trigo de la buena semilla del sembrador. 

La cizaña es sembrada después del trigo. De igual modo, el error -sigue diciendo el santo- viene después de la verdad, cosa demostrada por la experiencia: después de los profetas vinieron los falsos profetas; después de los Apóstoles los falsos apóstoles; y después de Cristo vendrá el Anticristo. 

Nosotros agregamos que después de los concilios católicos, vino el Vaticano II, anticatólico en cuanto liberal, y diabólico. De hecho, esa ha sido la peor emboscada, el mayor embuste, la más grande y más desastrosa siembra de cizaña de toda la historia de la Iglesia. Y también decimos esto: que después de ese Obispo resuelto, combativo y de palabras varoniles, claras e inequívocas en defensa la fe; después de Mons. Lefebvre vino Mons. Fellay a sembrar la cizaña entre nosotros con su intento de someternos a los modernistas romanos y con sus actitudes erráticas y sus palabras ambiguas.

Y mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Mientras dormían los hombres: porque -dice San Agustín- cuando los jefes de la Iglesia obran con negligencia, entonces viene el diablo y siembra. Es precisamente lo que pasa en la FSSPX: duerme el Superior General y sueña con primaveras inminentes y concordias con los enemigos, mientras se intenta también poner a dormir a los Sacerdotes y a los fieles a fin de que no reaccionen en contra de la cabeza sembradora de cizaña e inficionada de liberalismo.

Y llegando los siervos dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿Pues de dónde tiene cizaña? Y les dijo: el hombre enemigo ha hecho
esto.

El “hombre enemigo” es el demonio y los que hacen las obras del diablo. Pues bien: el arma de que se ha valido el demonio enemigo para dar el golpe feroz del Vaticano II es la ambigüedad. El Vaticano II es una obra maestra de ambigüedad, de palabras confusas, de expresiones equívocas. No obstante eso, el actual Superior General de la Fraternidad, el líder nominal de los anti liberales que quedan en la Iglesia, también hace uso habitual de la ambigüedad.

Ambiguo es lo que puede entenderse de varios modos o admitir distintas interpretaciones, como cuando Mons. Fellay habló, en su Declaración Doctrinal de abril del año 2012, de“los Sacramentos legítimamente promulgados por los papas Pablo VI y Juan Pablo II”. El veneno, la cizaña, está en la frase “legítimamente promulgados”, porque ésta puede entenderse de modos diversos y opuestos. Así, los tradicionalistas deben entender que el Superior General afirma que esos Sacramentos fueron promulgados de modo regular, esto es, con sujeción a las formalidades legales correspondientes. En este sentido, una ley de aborto puede estar legítimamente promulgada, aunque en sí sea ilegítima por injusta y criminal. Los modernistas, por su parte, deben entender que el Superior General considera legítimos "los sacramentos Novus Ordo" (es decir, el nuevo rito de los Sacramentos). 

Pues bien: este modo de hablar no es católico sino que es diabólico, por provenir de quien se supone encabeza la lucha en defensa de la Verdad católica en la peor crisis de fe de la historia. El velo de oscuridad con que las expresiones ambiguas cubren la verdad, se opone a la claridad de Quien dijo “Yo soy la Verdad”“Yo soy la Luz” y “vosotros sois la luz del mundo”

Dice el P. Sardá y Salvany en su obra “El Liberalismo es Pecado”, que el lenguaje confuso en la boca de los Pastores “es escándalo… es inducir al prójimo a error con palabras ambiguas… es... sembrar dudas, desconfianzas, hacer vacilar en la fe a las inteligencias sencillas”… “Es preciso ante todo… evitar el equívoco, que es lo que más favorece al error”. “Es gran maestro el diablo en artes y embelecos, y lo mejor de su diplomacia se ejerce en introducir en las ideas la confusión. La mitad de su poderío sobre los hombres perdería el maldito con que las ideas, buenas o malas, apareciesen francas y deslindadas... El diablo, pues, en tiempos de cismas y herejías, lo primero que procuró fue que se barajasen y trastocasen los vocablos; medio seguro para traer desde luego mareada… la mayor parte de las inteligencias” 

Se podrían dar muchos otros ejemplos de palabras ambiguas por parte de Mons. Fellay. Su constante siembra de cizaña ha causado grave inquietud, desconfianza, confusión y división entre los Sacerdotes y fieles de la FSSPX. 

Sin necesidad de ningún acuerdo con Roma, la cizaña constantemente sembrada por el Superior General es un veneno que está matando lenta pero inexorablemente a la congregación. En la carta que los otros tres Obispos dirigieron a Mons. Fellay el 7 de abril de 2012, se le dice que se ve en la Fraternidad una "disminución en la confesión de la fe". Con todo, el responsable del derrumbe de la congregación ha tenido el atrevimiento de exculparse inculpando a los que se han opuesto a su traición, diciendo que éstos son los sembradores de cizaña. 

En una entrevista acerca del Capítulo General del 2012, el Obispo ha tenido el descaro de decir lo siguiente: "nos separamos netamente de todos los que quisieron aprovechar la situación para sembrar cizaña, oponiendo unos miembros de la Fraternidad con otros. Este espíritu no es de Dios". Sus mismas palabras lo condenan. Y en un sermón del mismo año 2012, dijo: “Hemos visto hasta en nuestra querida Fraternidad, una confusión, una mala hierba, una cizaña, una turbación.” Pero en la carta que 37 Sacerdotes del Distrito de Francia le dirigieron en febrero del 2013, leemos estas palabras veraces: “¿Puede decir, en conciencia que usted y sus Asistentes han asumido sus responsabilidades? Después de tantas declaraciones contradictorias y nefastas ¿cómo pretenden que pueden gobernar todavía? ¿Quién es el que perjudica a la autoridad del Superior General, sino usted mismo y sus Asistentes? ¿Cómo pretende hablarnos de justicia después de haberla lesionado? ¿Qué verdad puede salir de la boca del mentiroso? (Ecl. 34, 4). ¿Quién sembró la cizaña? ¿Quién ha sido subversivo mediante el uso de la mentira? ¿Quién escandalizó a sacerdotes y fieles? ¿Quién ha mutilado la Fraternidad disminuyendo su fuerza episcopal? ¿Qué es de la caridad sin el honor y la justicia?”

Estimados fieles: lo que nos une es el amor y la defensa de la Verdad. Nos llamamos y somos la Resistencia Católica porque combatimos contra todo enemigo de la Verdad, de la Verdad que es atacada no sólo por medio de la mentira, sino también y más eficazmente mediante la ambigüedad. 

La ambigüedad en la manifestación pública de la fe católica en tiempos de apostasía general, como son los nuestros, es una traición gravísima a Cristo, un pecado en extremo abominable. 

Si amamos realmente la Verdad, debemos rechazar a los sembradores de cizaña, a los malos pastores que con palabras confusas hacen la obra del demonio, adulterando la Verdad. 
  

POLÉMICA FSSPX - GNOCCHI



Alessandro Gnocchi con Mons. Fellay



Alessandro Gnocchi es un periodista y escritor católico italiano, tradicionalista. Diplomado en filosofía, antiguo periodista de Il Giornale, denuncia firmemente, a través de sus libros, artículos y conferencias, la revolución del papa Francisco. Ha sido invitado a ciclos de conferencias organizados por la FSSPX, y en las librerías de ésta se encuentran frecuentemente sus libros.
El pasado 16 de enero, en el sitio Ricossa Cristiana, respondió a alguien que le preguntó su opinión respecto al posible acuerdo de la FSSPX con Roma y sobre la destitución del P. Petrucci como Superior del Distrito italiano de la Fraternidad. Extracto (el énfasis en negrita es nuestro):

Lunes 16 de enero de 2017

Muy gentil Alessandro Gnocchi:

Le escribo para tener su parecer sobre... la remoción del P. Pierpaolo Petrucci de su cargo como superior del distrito italiano de la FSSPX y de la entrevista en la cual Mons. Athanasius Schneider llama al acuerdo de la Fraternidad con Roma dando la impresión de que ya es cosa hecha...

Roberta Russo

Estimada Roberta:

A mi modo de ver, la cuestión es... bastante simple... Se trata sólo de colocar los hechos mencionados en la perspectiva justa, que en mi opinión es la siguiente: aún reconociendo que la FSSPX representa, pero sobre todo ha representado, una fase importante en la vida de la Tradición y por lo tanto de la Iglesia, me importa de veras poco que sus líderes decidan lanzarse en las manos de Bergoglio y la iglesia anticrística que el obispo de Roma representa. Ya he escrito lo que significaría si lo hicieran y no voy a repetirlo (clic aquí). Sólo me limito a decir que sería un abrazo contra natura entre quien ha hecho defensa de la fe católica la propia razón de vida y quien, en cambio, ve su misión en la destrucción de la fe católica. Entrando con gran pompa en la neo-iglesia bergogliana, los herederos de Mons. Lefebvre llevarían procesionalmente la integridad de la fe a un lugar donde a nadie le interesa, entregándola de esta manera a una insignificante ostentación de bordados y encajes, solo bueno para los tradicionalistas ineficaces.

Entre más lo pienso, más me convenzo de que, por muy desagradable que sea, este desenlace sería dramáticamente letal sólo si se carga sobre los hombros del FSSPX un peso que no es suyo: la salvación de nuestra fe y de nuestra alma. Por eso me importa poco la decisión que tomarán sus líderes. Incluso si se lanzan en brazos de Bergoglio, no se cambiarán las condiciones para que todas las almas, también la suya y la mía, se salven. Debemos continuar haciendo lo que hacíamos antes.

Puedo sentir ya el coro de los huérfanos y los abandonados a su destino y de tantos “fieles de la Tradición” dejados en la desorientación. Estimada Roberta, si estos fieles de la tradición fueran simplemente fieles católicos, sabrían muy bien qué cosa hacer ante tal situación. Y sobre todo, confiar en la Providencia que, si un tiempo suscitó a un Mons. Lefebvre, puede muy bien hacerlo ahora. Más sirve rezar y afianzarse al Señor que perderse en tantos discursos.

En cuanto a la remoción del P. Petrucci, no conozco las cartas, como se suele decir, y por lo tanto tomo por bueno todo lo que sostiene la autoridad que ha tomado esta medida.  Por lo demás, me limito a hacer algunas observaciones sobre el comunicado con el cual la remoción se ha hecho pública. Conozco poco al P. Petrucci y, con este poco, lo estimo; pero este no es el motivo por el cual se me cayeron los brazos cuando leí el comunicado.

Trabajo desde hace treinta años en los periódicos, que es el lugar menos misericordiosos del mundo. Pues bien, incluso aquí, cuando se expulsa al más indigno de los directores, el editor publica un comunicado en el cual agradece por todo el trabajo realizado y le desea un feliz futuro profesional. No es formalismo Roberta, es civilidad, es respeto hacia una persona a la cual se evita la vergüenza pública. Pero de todo esto, en el comunicado de la FSSPX sobre el P. Petrucci no se encuentran ni rastros. Evidentemente, la misericordia bergogliana es tan virulenta que bastan unas cuantas visitas a la Casa Santa Marta para ser contagiados. Créeme, me da pena quien lo escribió y siento lástima por los sacerdotes que han debido leerlo en todas las Misas.

Me dicen que la declaración fue escrita a toda prisa para evitar agitaciones por parte de los fieles que, a través de la defensa del Padre Petrucci, tenían la intención de cuestionar la casa general. Será, pero la cuestión estaba sobre la mesa desde el 2015, como dice la misma FSSPX, y además resulta que el mandato del superior del distrito italiano expira en enero. ¿Cómo es posible que nadie, con casi dos años de preparación, haya tenido la lucidez de escribir algo, no digo más cristiano, sino por lo menos más civilizado? Si ésta es la tela humana con la cual se cortan y cosen los defensores de la Tradición, creo ver una tosca tela clerical de la cual estoy gustosamente a distancia.